
Por Carlos Camacho
En la década de los 90, los problemas políticos intergrupales, impidieron que el entonces ganador de la elección para la presidencia municipal, Abel Rojo Muñoz, gobernara desde la sede oficial de la alcaldía y tuvo que improvisar oficinas en su natal Culiacán, Y, eran los tiempos de la hegemonía priista en el estado.
Hoy, los habitantes de ese municipio enclavado en el Valle del Mezquital, dieron muestra de que la organización es fundamental para lograr el desarrollo de su pueblo, y también para frenar obras que, a su juicio, generan más conflicto que beneficios.
Y todo surgió por la infidencia del presidente municipal de Ixmiquilpan, corazón del Valle del Mezquital, José Eemannuel Hernández Pascual, quien, en su acostumbrada conferencia de los lunes, reveló que, para quitar presión al penal regional de Ixmiquilpan, por la sobrepoblación que sufre, se planeaba construir un Centro de Reintegración Social (Cereso) Regional, en Tasquillo.
Eso provocó el enojo y la organización de los vecinos de ese municipio, que la semana pasada salieron a la plaza principal para manifestar su rechazo a la obra, por considerar que los habitantes de Tasquillo, no fueron consultados para la ejecución de la obra.
Advirtieron que mantendría su rechazo y propusieron como alternativa, la construcción de una universidad o bien un hospital, que sí son obras necesarias y de beneficio para los vecinos de ese municipio.
Ante la presión social, las autoridades informaron que el proyecto está en revisión y no es todavía un hecho su construcción. Concretamente, la Secretaría de Seguridad Pública en Hidalgo, informó que la construcción del Cereso en Tasquillo, está en “etapa de análisis y estudio especializado, considerando las condiciones sociales y geográficas del municipio”.
Aún con eso, ayer se convocó a otra manifestación de rechazo al penal regional, con la consigna de “Tasquillo unido, jamás será vencido”.
Aunque, entre los mismos vecinos, hay temor de una actitud autoritaria y de represión hacia quienes lideren las manifestaciones de rechazo, para “convencerlos” con el uso de la ley y la fuerza pública, de las “bondades” de una obra como la que se pretende construir en ese municipio.
