
Columna Balcón Político
Por Carlos Camacho
Con horas de diferencia, se realizó un cateo en la comunidad de Sayula, municipio de Tepetitlán, donde fue inhabilitado un centro de operación de los grupos criminales dedicados al robo de hidrocarburo, mientras que, en la calle de Hermenegildo Galeana, Barrio alto, municipio de Tula, fue hallada una cabeza humana, envuelta en una bolsa de plástico, dentro de una cubeta y con un mensaje dirigido a uno de los grupos de huachicoleros que operan en la región sur de Hidalgo.
En tanto, autoridades de seguridad pública de los estados de Querétaro, Estado de México e Hidalgo, se reunieron para “reforzar líneas de acción conjuntas para reforzar la seguridad en zonas limítrofes” y “priorizar intercambio de información, la coordinación operativa y la reacción oportuna ante hechos delictivos que trascienden fronteras territoriales”.
En los casos señalados (el aseguramiento de un centro de robo de combustible y el hallazgo de una cabeza humana), no hubo detenidos, mientras el ánimo ciudadano refuerza su intranquilidad por los recurrentes hechos de violencia que se registran en la región, y en otros puntos de la entidad.
Del caso de Sayula, la Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo (PGJEH), reportó que se cateó un domicilio, donde se construyó un túnel de 22 metros de largo por 1.70 metros de altura, que conectaba con los ductos de Pemex y donde se hacían las sustracciones de combustible.
Pero, nada dijo de detenidos ni responsables. Como tampoco se ha dicho nada del macabro hallazgo de una cabeza humana. Algunos medios de comunicación especulan que se trata de un ajuste de cuentas entre grupos locales dedicados al hurto y venta ilegal de hidrocarburo, actividad que le ha ganado terreno a la región de Cuautepec, que en su momento ocupó el primer lugar nacional de sitios donde se daba el mayor número de “ordeñas”.
Es innegable y hasta plausible la permanente actuación de los cuerpos de seguridad para inhibir este tipo de actividades delictivas, pero también es preocupante que, a pesar de los golpes recibidos, los grupos criminales se multiplican y no ceden ante en asedio de los encargados de brindar seguridad pública a la ciudadanía.
Eso, sin dejar de lado la acción de los grupos de delincuencia común, que dedican su tiempo al robo en casas habitación, comercios y al robo de autopartes, con especialización en el hurto de los catalizadores de los autos de modelos recientes, que se comercian con facilidad en el mercado negro.
