
Por Carlos Camacho
Francisco de Jesús López Sánchez, decidió refugiarse en su regiduría allá en su natal Metztitlán, que continuar la lucha por la legalidad en su partido el de la Revolución Democrática (PRD) y con ello dejarle el control absoluto al diputado federal Héctor Chávez, quien podrá armar una dirigencia a modo para enfrentar los comicios del próximo año, aunque con una mala imagen hacia la reducida militancia y a la ciudadanía que alguna vez creyó en un partido de izquierda en el país y en Hidalgo.
Ayer, en conferencia de prensa López Sánchez, anunció su salida de la presidencia del partido, que asumió en octubre del 2022 y que fue impugnada por la militante Mariela Escamilla Cortés, quien argumentó que el proceso había sido ilegal, toda vez que el dirigente estatal no era militante de ese partido.
En su oportunidad, el propio Francisco López, recordó haber sido candidato del PRD a la presidencia de su municipio, Metztitlán, por lo que el argumento de que no era militante, se caía por sí sólo.
Pero Escamilla Cortés, acudió al Tribunal Electoral del Estado de Hidalgo, que el 13 de abril le dio la razón a Francisco López como dirigente, pero ella insistió y se fue hasta la instancia federal, donde se registró el expediente SUP-JDC-163/2023.
Cada instancia le iba dando la razón legal a López Sánchez, quien de pronto declinó y dijo no seguir más en la presidencia que había ganado de manera legal, pero que incomodó a quienes controlan al partido desde que Héctor Chávez ascendió a la diputación federal de su partido.
López Sánchez intentó sin éxito “negociar” su salida de la dirigencia perredista a cambio de que lo dejaran como representante del partido ante el Instituto Estatal Electoral (IEE), al menos un año, pero ni siquiera esa concesión le dieron y ahora volverá a su espacio en la Asamblea Municipal de Metztitlán.
Los pleitos al interior del PRD no son nuevos, aunque quienes a finales de los 90 y principios del año 2000, pretendían el control de ese instituto político, antepusieron los intereses del partido a los de sus grupos y los personales, para darle el mayor número de triunfos, que lo convirtieron en la segunda fuerza política del estado.
Hoy, el PRD no es ni la sombra de lo que fue ayer y lo poco que queda lo asume bajo su tutela el legislador federal, aunque en ello vaya el riesgo de que para las elecciones del 2024, ese partido participe con mínimas posibilidades siquiera de ganar alguna alcaldía y menos aún mantener la única posición que tiene en el Congreso local.
No obstante, quienes hoy detentan el control del PRD, anuncian que en unas dos semanas, tendrán nueva dirigencia y buscarán enderezar el barco en busca de convertirse en una fuerza que se alíe al PRI y PAN, para hacer un papel más o menos decoroso en los comicios del 2024.
