
Por Catalina Martínez Duarte
Se dejan oír los acordes melancólicos que “estrujan el corazón”, del instrumento casi sale en voz la letra de la canción, es uno de los acompañamientos musicales que sobresalen, la ejecutante es MarySax, originaria de Santiago Tulantepec, una mujer multifacética quien va dejando bella huella e historia.
Se trata de Maribel Gutiérrez Rocha, madre de Eduardo y Naty, esposa de Alex, enfermera, cuidadora, podóloga, filántropa e interprete en mandolina y saxofón; quien a los 12 años al entrar a la secundaria tomó sentido su vida musical; desde pequeña la acompañó la música de los grandes Ray Conniff y Glen Miller que sus papás escuchaban con gran deleite casi a diario.
“En la escuela me encontré con que tenía rondalla, me integré y tuve la oportunidad de aprender la mandolina, al salir me integré a coros de diferentes parroquias, en la rondalla de mi municipio, siempre apoyada por mi familia, no sufrí restricciones y desde el principio tuve una enseñanza musical peculiar”, recuerda con ese hablar dulce y delicado que la caracteriza.
Su profesor usaba gráficas, numeración: la primera nota un cuarto o lo que es lo mismo la primera cuerda y el cuarto traste, dos tercios la segunda cuerda el tercer traste y así directo a las pisadas, un método sencillo que sólo lo ha vuelto a encontrar con un profesor más.
MarySax también tiene una caracteriza un rasgo muy humano, siempre está dispuesta ayudar, junto con quien considera su mejor cómplice, amigo, su esposo Alex Juárez Montiel: “combiné mis estudios de música con la enfermería, la carrera profesional me absorbió, luego trabajar, soy la séptima de nueve hijos y en un momento mi papá me dijo que hasta ahí me apoyaba y me tuve que alejar de mi pasión”.
Aunque la vida ya le había reservado varias sorpresas, primero fue invitada a formar parte del Coro Juvenil de la Catedral en 1995, se unió a las mandolinas, había guitarras y panderos; pero su niñez la perseguía porque siempre estaba presente en las grandes orquestas, como se fascinaba con los instrumentos de viento, trompetas, pero en especial el Sax: “cuando mi hijo fue chambelán en una fiesta, me deleite escuchando en la comida a una mujer con su saxofón, yo dije guau quiero ser como ella, estaba fascinada”.
También repostera, cocinera de gran sazón que la ha llevado a servir grandes banquetes, de momento sus hijos la pueden ver haciendo un pastel, que estar interpretando melodías en el saxofón.
Nada fácil al principio, pero se empecinó: “yo quiero un sax, yo quiero un sax, yo quiero un sax”, les decía a todos, pasaron unos cinco años cuando un día su esposo le dijo que estuviera pendiente de la paquetería por llegar, recibió un envoltorio muy grande, él, vía telefónica pidió que lo abriera: “lo abro y casi me desmayo de la emoción, desde ahí tuve que aprender cómo se armaba el instrumento no sabía nada, luego por más que le soplaba no salía ningún sonido, aire y más aire, entonces empecé a buscar donde daban clases, es difícil en la región Tulancingo encontrar, casi todo es de guitarra”.
El saxofón es un instrumento con alto grado de complejidad reconoce MarySax: “me desesperé abandoné las primeras clases, se ocupan todos los dedos, porque las llaves, a la vez están haciendo una nota con un agudo, hay que lograr mucha coordinación, aunque tengo facilidad por el requinto de la mandolina, podía hacer las pisadas, pero no me salía el sonido limpio, bonito, pensé que la había regado y que eso no era para mí”.
Se vino la pandemia, pasó por situaciones familiares difíciles, el consuelo a su depresión fue el saxofón, retomó las clases, empeñada, ensayando y en clases en todo momento libre, ejerciendo como enfermera, podóloga, ayudando a la gente, siendo madre y esposa; en febrero del año pasado se integró al Coro de la Catedral de Tulancingo, donde le brindaron confianza.
“Nunca se termina de aprender y por hoy sé que todas las mujeres podemos realizar nuestro sueño”, MarySax ya hace presentaciones personales, como acompañamiento, crece su repertorio entre el solfeo y las partituras que ensaya con su profesor; de su familia comparte talento con su hermano menor quien toca el bajo eléctrico, trompeta; un sobrino que tiene una banda de rock que tiene mucho talento incluyendo su voz, como su hija que también toca guitarra, violín, una naciente generación de músicos.
“Mi papá, sus hermanos eran muy fiesteros se iban al Salón México, todo era disfrutar con música grabada, ahora nosotros lo hacemos en vivo, mis familiares son mis fans, me escuchan ensayando y se acercan para decirme qué bien se escucha mamá”, dice MarySax en la sala de su casa que rodeada de sus enseres musicales y una colección de pequeños sax: “me felicitan, la gente también que no me rendí, es genial que te aplaudan, te pidan otra melodía, seguiré, me encanta hasta que sea vieja y no pueda soplar, agradezco a Dios el haberme dado esta habilidad, a Alex mi esposo siempre me apoya en todo es el amor de mi vida, mis hijos que son mi motor, mi todo”, resalta la mujer que define la música como su vida misma.
