La Lucha de la SEP por Erradicar La “Chatarra” en las Escuelas

Columna Balcón Político

Por Carlos Camacho

Por voluntad no queda. Dicen algunos docentes que el programa federal “vive saludable, vive feliz”, deberá dar resultados en favor de los educandos, sin embargo, reconocen obstáculos domésticos y otros que están fuera de su alcance, como la industria de productos ultra procesados, que se resisten a ver mermas en un negocio que deja ganancias por un billón y medio de pesos, el equivalente al cuatro por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país y tiene en los niños a sus principales consumidores.

Cuestionados al azar, profesores de algunas primarias reconocieron que desde que se puso en marcha este programa (marzo pasado), hay padres y madres de familia que ya redujeron el consumo de alimentos altos en sodio, azucares y grasas, y en las loncheras de sus niños pone verduras y frutas.

“Pero hay otros padres que, por diversas razones, prefieren comprar en la tiendita o darle a su hijo para que se compre algo en la cooperativa escolar”, que, por otro lado, tampoco ha entrado de lleno en la elaboración y venta de alimentos saludables.

Otros niños, con carencias económicas, de plano no llevan lonchera y menos dinero para comprar en la tienda escolar, por lo que ni siquiera pueden pensar en aplicar el programa federal para erradicar problemas derivados de la obesidad temprana.

En el plano federal, el gobierno mexicano se enfrenta a la industria de ultra procesados que elabora productos que, a partir de técnicas industriales, se modifican para añadir sodio, azucares y grasas saturadas. Esa industria no tiene compromiso con la salud sino con el negocio y por eso se oponen a las políticas públicas en beneficio de niñas, niños y adolescentes.

DE acuerdo con el Centro de Investigación en Nutrición y Salud Pública (CINSP), uno de cada tres niños y adolescentes enfrenta sobrepeso y obesidad por el cambio de dieta.

Un estudio de Saturación Nutricional de la Población en México durante los últimos 120 años, dice que la alimentación de los mexicanos ha sufrido transformaciones profundas y radicales, lo que se acentuó en la década de los 80 con una transformación que da origen a la triple carga de la nutrición: coexistencia de la desnutrición, deficiencia de micro nutrimentos (vitaminas y minerales) y la obesidad y sus comorbilidades.

Enfrentar a la industria de los alimentos ultra procesados, será todo un reto para el gobierno mexicano.

Se trata de 39 empresas agrupadas en el Consejo Mexicano de la Industria de Productos de Consumo (ConMéxico), que en el 2023 tuvo ganancias por un billón y medio de pesos (equivalente al 4 por ciento del PIB). Su presencia llega a todos los hogares de México, que destinan el 34 por ciento de su presupuesto familiar a comprar sus marcas.

Barcel, Bimbo, La Costeña, Herdez, Lala, Maseca, Pepsico, Nestlé y Femsa, son algunas de las empresas que lideran el consumo em el país con ocho de cada 10 marcas.

Los productos “chatarra” son adictivos, hiperpalatables con sabores muy intensos, que provocan en el niño el rechazo a frutas o comida como tortilla, frijoles o arroz. Y aunque la industria sabía desde el 2007 que sus productos hacen daño a la salud, hasta el 2020 aceptó autorregularse y elaborar productos más sanos porque ni iban a negociar con la salud de los niños, pero no cumplió.

Para seguir presentes en las escuelas, “donan” básculas, lentes para alumnos o promueven programas deportivos y otros de apoyos sociales y comunitarios, pero no dejan de producir productos adictivos y nocivos para la salud de los estudiantes, de ahí el reto del gobierno para cumplir a cabalidad con el plan “vive saludable, vive feliz”.

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