Alfredo Rivera y su Nueva Obra: “Sé que no lo soñé”

Por Carlos Camacho

La presentación del libro autobiográfico “Sé que no lo Soñé”, de Alfredo Rivera Flores, fue una fiesta familiar, aderezada con los comentarios de familiares y amigos íntimos del autor, que se reunieron en un salón de eventos del centro de la ciudad y tuvo como maravilloso fondo la plaza Independencia y el majestuoso reloj monumental de Pachuca.

Tarde-noche de viernes, de lluvia y de frío. Pero en el interior del salón, los sabrosos comentarios de Daniel y Alfredo Rivera Rubio, dieron un repaso a la intensa vida de su padre, quien desde hace 50 años decidió introducirse a las letras como autor de libros y a recorrer el mundo.

Praga-París-Pachuca.

Daniel, por ejemplo, leyó uno d ellos poemas preferidos de su padre: Romero solo. Evocó tres recuerdos: 1998 “tarde de lluvia” en el zócalo de la ciudad de México; 2 de octubre de 1988 y Tula de Allende, plaza colmada de petroleros, 1988. En los tres momentos se denunciaba “fraude electoral” y se coreaba: ¡¡Cárdenas!!/¡¡Cárdenas!! Luego de lo que sus seguidores consideraron un “fraude electoral”, cometido por Carlos Salinas de Gortari.

“Sé que no lo soñé”. dijo y lanzó:

Prensé en el niño humilde de Real del Monte, en el güero anodino de Actopan, en el descendiente de asiáticos de la colonia Doctores, en el pachuqueño huérfano de padre, orgulloso de su madre y en el descendiente de libaneses oriundo de Téllez y ahora embajador.

Todos ellos de origen humilde y todos ellos en su momento gobernadores del estado soberano de Hidalgo, todos ellos ahora con un patrimonio económico fuera de la lógica de la honestidad.

Sí, usaron la política y el poder para, de manera grotesca y vulgar enriquecerse. Viven rodeados de altas murallas, con miedo a perder lo mal habido, atados a lo material. La justicia y el bienestar común no existe en su horizonte.

Alfredo junior, habló de esa libertad que tienen los espíritus, como el del autor, de buscar en el horizonte nuevas formas de descubrir la vida, aunque sea la de uno mismo.

Habló de los escritores preferidos de su padre, Alejandro Dumas (Los Tres Mosqueteros) y Juan Witman, que han sido fuente de inspiración de Rivera Flores, autor de varios libros, como el más reciente que recoge historias de su nueva residencia en San Miguel de Allende: “San Miguel a ojo de Pájaro”.

La doctora en derecho, Perla Gómez Gallardo, recordó el viacrucis que ella y los autores del libro “La Sosa Nostra”, que ganó el Guinness Record, por ser el litigio más prolongado de la historia (122 años) en una lucha por defender la libertad de expresión, luego que el aludido en el texto (Gerardo Sosa Castelán), demandó por daño moral y reclamaba, entre otras cosas, una reparación del daño por 16 millones de pesos y que se retirara de circulación el libro de marras.

Rivera Flores, que hoy intercala sus estancias entre Pachuca y San Miguel de Allende, hizo un breve recorrido desde su infancia hasta hoy, a sus 85 años y de paso refrendó el amor a su eterna compañera de vida Irma Rubio Traspeña y con un beso público, prometió amarla “hasta la eternidad” y, como cantaba Julio Jaaramillo: “después de muertos, amarnos más”.

“A mi madre, dijo, le debo el gusto por las bellas artes. De mi padre, lo trabajador y el gusto por los deportes. Pero también su forma de ejercer la justicia”.

Recordó que hace 80 años, su padre le preguntó: “¿te escapaste de la escuela?  “Y, como yo no sé mentir. Bueno sí, pero poquito”, respondió que sí.

“Entonces, mi padre tomó una bolsa de mandado y echó mi segunda muda de ropa (porque tenía dos), me montó en un camión de la Flecha Roja y me llevó allá por los rumbos de Huichapan, con unos parientes desconocidos, como castigo.

Allá aprendió a montar, pero también descubrí que una letra con otra hace una sílaba y varias silabas hacen una palabra y que varias palabras hacen una frase y las frases se convierten en libros.

Volví a la Justo Sierra (su escuela primaria) y como la maestra tenía como cien años no notó mi ausencia, me puso dos faltas y calificación de 10, porque a mis seis años ¡ya sabía leer!

Entre sus invitados había figuras que le acompañaron en las luchas políticas, como Francisco Ortega Sánchez y Miguel Angel Serna; en la cultura, como Lourdes Parga Mateos y Enrique Garnica, en el gusto por el periodismo, como Javier Peralta y Roylán Portes; por la fotografía como Héctor Rubio Traséña y Oscar Sánchez Amado.

Desde San Miguel de Allende, se trajo a dos amigos: Eduardo Mora y Morganna Love. El para hablar de la amistad que ha construido con el autor desde hace 10 años y ella, para deleitar a la reducida pero fina concurrencia con su maravillosa voz de soprano, que le ha valido reconocimientos allende las fronteras.

Morganna, por cierto, es una espléndida cantante de ópera, egresada del Conservatorio, estrella de cine y televisión, y, por si faltara más, activista internacional del movimiento LGBT.

Y, como presentadoras, sus dos nietas: Azul Rivera Canales y Matilde Rivera Sordo. Ausente, por sus estudios en los Estados Unidos, Ambar Rivera Canales.

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